Santiago, El pastor de la Iglesia de Jerusalen en su carta a sus ovejas dispersas por el mundo les enseña sobre la religiosidad, la falsa religión. Este pastor nos habla de la necesidad de revisar nuestras actitudes, pensamientos, palabras y comportamientos, a la luz de la vida en Cristo.
Su carta es altamente cuestionadora, y cada uno de nosotros deberíamos analizarnos a la luz de ciertos criterios que el autor establece:
1.- la duda Vs La Fe: “No piense que tal hombre recibirá cosa alguna del Señor”. El primer engaño que cometemos contra nosotros mismo es pretender pedir algo a Dios sin cumplir un requisito fundamental: la fe. Si soy una persona que pido cosas a Dios, pero en realidad estoy dudando, si Dios me las va a conceder, no la voy a recibir. “Pero pida con fe no dudando nada. Porque el que duda es semejante a la ola del mar movida por el viento y echada de un lado para otro” (Stg 1:6 RVA). Cuando tu dudas eres un ser inconstante, eres una persona de doble animo en tus caminos (Stg 1:8 RVA). Una persona de doble animo, es una persona que vive dependiendo de sus emociones, pensamientos y capacidades. Él le pide a Dios, pero espera resultados de acuerdo a sus capacidades limitadas humanas. Quiere sabiduría, pero no la tiene, la pide, por momento cree, pero luego duda, ¿será que Dios puede darme eso que pido?, ó ¿si Dios no quiere darme eso que pide? En el fondo, nuestros sentimientos de desvalorización, los rechazos recibidos en la vida, nos hace predisponernos contra Dios y pensar que él va actuar igual como otras personas nos han herido. En realidad, somos nosotros quienes alejamos la respuesta positiva de Dios. Dios es bueno y su condición o clausula dentro del contrato es que debo creerle.
Santiago cuestiona nuestra falta de genuina fe en Dios. Dice que si yo tengo fe en el glorioso Señor Jesucristo no puedo hacer favoritismo con alguna persona. Yo no puedo hacer preferencia por una persona rica, que venga vestida con ropas elegantes, joyas y hacer discriminación con la persona pobre. Santiago dice que Dios ha elegido a los pobres para darle riquezas en la fe. Si hacemos favoritismo hacia unas personas en perjuicio de otras cometemos pecado. Santiago continúa diciendo que la fe sin buenas acciones está muerta. La fe se perfecciona, actúa en conjunto con las acciones. No podemos ser incongruentes. La fe por si sola no es suficiente a menos que produzca buenas acciones. Una fe así está muerta y es inútil. Santiago dice: “yo les mostraré mi fe con mis buenas acciones”. Nos explica que nuestro Padre Abraham demostró su fe por medio de sus acciones. Esto hizo que su fe fuera completa. “Abraham le creyó a Dios, y Dios lo consideró justo debido a su fe”.
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